Las hojas de color carmecí que se ondonean con el rugir del viento, anunciando la tormenta.
El mismo rugir que termina por arrebatar el pálido follaje de los árboles.
Allí, junto a la ventana, donde todos sus sentires se entremezclan con la comodidad de amar al ser amado .
Extranjero en lo propio y en lo aparentemente conocido.
El color otoñal de las hojas, no es menos ni más que el acostumbrado verde. Sin embargo, la magía está en el recien formado tapete color marrón que completa la vista del laguito artificial detrás de la cerca.
Las gotas que golpean como agujas la piel color canela, que desgarran gotas de lo más profundo de sus entrañas.
De rayos y truenos que esconden los más dolororos gritos de sus entrañas.
El desgano de la existencia
El peso de los ojos
El precio del temor.
El amargo sabor del ser.
Desde el fondo
Desde el Alfa hasta el Omega
Una miserable hoja que se mueve con el viento
Una..... Solamente una.