martes, 11 de septiembre de 2012
Anécdotas de 1800
Acurrucada en el piso de la cocina.
En donde recoger los pedacitos de la loza importada que se acaba de romper se convierte en algo urgente.
Se dispone a reunir los pedazos y tratar de reconstruir la taza de la abuela.
Toma uno a uno los fragmentos e intenta unir el rompecabezas, sin darse cuenta varios de ellos han lastimado sus manos.
Mientras intenta desesperadamente componerlos, la sangre que fluye ha manchado el delantal bordado por su madre y salpicado sus zapaticos de charol.
Trató por todos los medios de reparar el desastre causado por su propio descuido.
Sin darse cuenta que la abuela estaba al tanto de la situación.
- Es mejor tirar la taza- dijo a la niña.
Por más esfuerzos que hagas para componerla, nunca más será lo que solía ser.
A cambio, las cicatrices de tus manos quedarán contigo para el resto de tu vida, como un recordatorio de tus actos.
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